Nuestro rostro nos da los buenos días cuando nos encontramos frente al espejo del baño y, a menos que tengamos en casa un espacio reservado para el tocador, es siempre el espejo del baño el que nos ayuda en una serie de operaciones que deben llevarse a cabo.
Hay quien se maquilla, quien se afeita, quien dedica atención a cada mínimo cambio de su propio rostro, quien en cambio pasa velozmente frente al espejo mirándose con extrema satisfacción. Cualquiera que sea la operación a realizar hay un denominador común: todos queremos vernos bien reflejados.
Y esto depende de la luz del ambiente en el que nos encontramos y de la luz que rodea al mismo espejo. Por no hablar del hecho de que una iluminación correcta, en términos de diseño, le da un toque extra a todo el baño.
Ni que decir tiene que también en este caso nos ayudan las luces LED y no solo porque tienen una mayor versatilidad, potencia y durabilidad, sino también porque resisten mejor a los ambientes húmedos y, entre duchas y diversos lavados, el baño se postula ciertamente como uno de los ambientes más húmedos de nuestros hogares.
Cuanto más grande sea el espejo, más puntos de luz habrá que integrar, además la adición de más puntos de luz evitará la molesta creación de sombras en el rostro.
Para la iluminación podréis por tanto elegir unos apliques para colocar en la parte superior del espejo, a integrar con unas tiras o perfiles LED que recorran el perímetro de los lados. Ambas luces podrán activarse de manera simultánea o alternativa, de modo que puedan utilizarse según lo que estéis haciendo frente al espejo, si necesitaréis más o menos luz, si estáis realizando o no una operación que requiera la máxima precisión.




