Los tubos de neón son cosa del pasado y definitivamente deben ser reemplazados por los de LED. Se trata de una elección que satisface una doble necesidad: la de contar con fuentes de luz de bajo consumo para reducir el gasto eléctrico y, por tanto, los costes de la factura, y la de hacer que la iluminación de los ambientes sea cada vez más ecológica y, en consecuencia, sostenible.
Los tubos de luz LED están diseñados para sustituir exactamente a los antiguos tubos de neón, sin cambiar las estructuras de soporte y, por lo tanto, sin necesidad de realizar operaciones de sustitución de las mismas. Además, ofrecen ventajas. Aparte de una duración mucho mayor, ya que se estima que su “vida útil” es tres veces más larga que la de sus predecesores, los tubos LED difunden una luz de mayor calidad y dispersan menos energía en forma de calor. ¿Otra ventaja? Muchos modelos pueden utilizarse con total seguridad tanto en interiores como en exteriores y son mucho menos susceptibles a roturas.

Otra diferencia sustancial entre ambas tecnologías radica precisamente en su modo de funcionamiento. Si los primeros (constituidos por un tubo de vidrio sellado en cuyo interior hay mercurio y gas noble) necesitan un balasto y un cebador para su encendido y requieren un poco de tiempo antes de alcanzar su pleno funcionamiento, los segundos, generalmente de plástico y sin sustancias nocivas en su interior, se encienden inmediatamente.
Por último, la elección de un tubo LED permite disminuir, si no eliminar por completo, los costes de mantenimiento, prácticamente inexistentes con la nueva tecnología.
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